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El año empieza en tí: salud, hábitos y conciencia.

Después de las fiestas. Cuidar la salud mental también es parte del comienzo del año.

Volver después de las fiestas, un ajuste emocional normal.

El inicio del año suele venir cargado de expectativas, balances y cambios de ritmo. Después de las celebraciones, los encuentros familiares y la ruptura de horarios, regresar a la rutina puede sentirse más pesado de lo esperado. Esa sensación de bajón, cansancio o desmotivación no es extraña ni alarmante, forma parte de un proceso de adaptación normal.

 

A este estado se lo suele llamar “depresión postvacacional”, aunque en realidad no se trata de una enfermedad ni de un trastorno psicológico. Es, más bien, una respuesta natural del cuerpo y la mente al pasar de un período de descanso y flexibilidad a uno de obligaciones y horarios más estructurados.

 

Qué puede sentirse en los primeros días

Durante este proceso de readaptación es habitual experimentar algunos síntomas leves, como:

  • Falta de motivación o apatía

  • Cansancio general

  • Dificultad para concentrarse

  • Irritabilidad

  • Alteraciones del sueño

  • Ansiedad leve o estado de ánimo bajo

 

En la mayoría de los casos, estas sensaciones duran pocos días y tienden a desaparecer en una o dos semanas, a medida que se recuperan los hábitos cotidianos.

 

Estrategias para cuidarse al volver a la rutina

Cuidar la salud mental después de las fiestas no implica hacer grandes cambios, sino acompañar el proceso con pequeñas decisiones conscientes.

 

Volver de forma gradual

Si es posible, evitar retomar todas las exigencias de golpe ayuda mucho. Reorganizar horarios, planificar los primeros días con menos carga y retomar el ritmo de sueño de a poco puede marcar la diferencia.

 

Plantear metas realistas

No es necesario rendir al máximo desde el primer día del año. Priorizar tareas simples, organizar la agenda y permitirse avanzar paso a paso reduce el agobio y mejora la sensación de control.

 

Sostener hábitos saludables

Dormir entre 7 y 8 horas, comer de forma equilibrada, mantenerse hidratado y realizar actividad física moderada contribuye directamente al bienestar emocional y a regular el ánimo.

 

Hacer lugar al disfrute

Que las fiestas hayan terminado no significa que el disfrute también. Programar actividades agradables, encuentros con personas queridas o pequeños planes personales ayuda a mantener una sensación de bienestar y continuidad emocional.

 

Cuidar la actitud mental

Evitar pensamientos extremos como “todo lo bueno ya pasó” y adoptar una mirada más amable y realista favorece una transición más saludable. El comienzo del año también puede ser una oportunidad para retomar proyectos, replantear objetivos o iniciar algo nuevo.

 

Cuándo prestar más atención

Este bajón posterior a las fiestas suele ser transitorio. Sin embargo, si las sensaciones de tristeza, apatía o ansiedad se prolongan más de dos o tres semanas, o interfieren de forma importante con la vida cotidiana, es importante pedir ayuda profesional.

 

Buscar acompañamiento es fundamental si aparecen señales como dificultad persistente para dormir, pérdida de interés por actividades habituales, problemas para concentrarse o una sensación constante de malestar.

 

Empezar el año cuidándose

Sentirse bien no es una meta menor ni un lujo, es una base necesaria para transitar el año con mayor equilibrio. Escuchar lo que nos pasa, respetar los tiempos de adaptación y priorizar el bienestar emocional es una forma sana y realista de empezar el nuevo ciclo. Porque cuidarse también es parte de avanzar.


Empezar el año cuidándose: los chequeos médicos clave para cada etapa de la vida.

El comienzo del año, un buen momento para prevenir

Cuando empieza un nuevo año, muchas personas buscan retomar hábitos saludables y hacer ajustes en su estilo de vida. En ese camino, uno de los pasos más importantes es realizar la visita médica anual y los chequeos preventivos correspondientes a cada etapa de la vida. Estos controles permiten detectar a tiempo posibles problemas de salud antes de que se conviertan en algo más serio.

Las evaluaciones médicas se basan en guías ya establecidas y varían según la edad y los factores de riesgo de cada persona. Por eso, es fundamental que tanto niños como adultos mantengan un seguimiento regular, más allá de acudir al médico sólo cuando aparece una enfermedad.

 

Chequeos recomendados en la infancia y adolescencia

Desde el nacimiento hasta los 21 años, los controles médicos cumplen un rol clave en el seguimiento del crecimiento y el desarrollo.

 

En cada visita se evalúan el peso y la talla, y en los primeros meses también la circunferencia de la cabeza. A partir de los 24 meses se calcula el índice de masa corporal, especialmente por el aumento de casos de obesidad infantil.

 

La visión y la audición deben evaluarse desde el nacimiento y revisarse en edades específicas como los 3, 4, 5, 6 y 8 años, además de realizar cernimientos de riesgo en el resto de las etapas.

 

El desarrollo motor, social y del lenguaje se observa de forma continua, ya que permite detectar posibles dificultades de manera temprana. También, a partir de los 12 años, se recomienda realizar cernimientos de salud mental, especialmente para detectar signos de depresión.

 

Las vacunas forman parte central de cada control pediátrico, al igual que algunos estudios de laboratorio puntuales, como la medición de hemoglobina y plomo alrededor del primer año de vida. Además, se recomienda evaluar el colesterol entre los 9 y 11 años y nuevamente entre los 17 y 21.

 

 

Controles médicos en la adultez

A partir de los 18 años, los chequeos anuales se enfocan en evaluar distintos sistemas del cuerpo, siempre teniendo en cuenta la edad y los factores de riesgo personales.

 

La medición de la presión arterial debe realizarse al menos una vez al año para detectar a tiempo la hipertensión. También se recomiendan análisis de sangre como el panel de lípidos para controlar colesterol y triglicéridos, cuya frecuencia varía según el riesgo cardiovascular.

 

Durante la consulta anual se evalúan hábitos de vida como la alimentación, la actividad física y el consumo de tabaco, ya que estos influyen directamente en la prevención de enfermedades cardiovasculares y cáncer.

 

En el caso de las mujeres, el control ginecológico con Papanicolaou comienza a los 21 años y continúa hasta aproximadamente los 65. La mamografía se recomienda a partir de los 40 años para la detección temprana del cáncer de seno.

 

Otros cernimientos importantes incluyen las pruebas para infecciones de transmisión sexual, el control de cáncer de colon desde los 45 años mediante colonoscopía, y el seguimiento del cáncer de próstata en hombres a partir de los 50 años, mediante controles urológicos y análisis de PSA.

 

También se recomienda el control de diabetes cada ciertos años, así como estudios para detectar osteoporosis en mujeres mayores de 65 años o en personas con factores de riesgo.

 

 

La salud mental también se chequea

La prevención en salud mental es tan importante como la física. Las visitas de rutina a profesionales de la salud mental permiten evaluar el bienestar emocional y trabajar de forma preventiva, sin esperar a que aparezcan síntomas intensos. Mantener estilos de vida emocionalmente saludables ayuda a prevenir condiciones como ansiedad, fobias o depresión.

 

Empezar el año con prevención

Hacer los chequeos médicos correspondientes no es solo una formalidad, es una forma concreta de cuidarse, conocerse y tomar decisiones informadas sobre la propia salud. Empezar el año con controles al día es una inversión en bienestar presente y futuro, y una manera responsable de priorizar lo más importante.


Hábitos saludables: la base para cuidar la salud hoy (y conocer nuevas alternativas).

Vivir mejor empieza por los hábitos

En los últimos años, la sociedad ha tomado mayor conciencia sobre la importancia de llevar una vida saludable. Esta preocupación no es casual, las cifras de sobrepeso y obesidad siguen creciendo a nivel mundial. 

Sin embargo, llevar un estilo de vida saludable no se trata de hacer dietas restrictivas de forma esporádica. La clave está en construir hábitos sostenibles que no representen un esfuerzo constante y que aporten beneficios reales a la salud física y mental.

 

 

Alimentación: equilibrio antes que restricciones

Una alimentación saludable es aquella que permite llevar una dieta variada, equilibrada y completa. Mantener horarios regulares para las comidas ayuda al cuerpo a mejorar la digestión y evita alteraciones en el organismo.

 

También es fundamental prestar atención a las cantidades. Algunos alimentos muy saludables, como los frutos secos o el aguacate, son calóricos y deben consumirse con moderación. El método del plato es una herramienta simple y práctica para organizar las comidas: la mitad del plato debe ser de verduras, un cuarto de proteínas (huevo, carne, pescado o legumbres) y un cuarto de carbohidratos como arroz, pasta, pan o patata. De esta manera se logra una correcta distribución de macro y micronutrientes.

 

Los alimentos ultraprocesados, en cambio, no forman parte de una alimentación saludable. Reducir su consumo suele ser uno de los primeros pasos para mejorar el estilo de vida.

 

 

Actividad física: movimiento que suma bienestar

La actividad física es otro pilar esencial de la salud. Según la OMS, cualquier movimiento corporal que implique gasto de energía cuenta como actividad física. Con solo 30 minutos diarios de actividad moderada, se obtienen beneficios significativos: reducción del riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes, algunos tipos de cáncer y depresión, además de mejoras en la salud ósea y el equilibrio del peso corporal.

 

Más allá de lo físico, el ejercicio impacta de forma directa en la salud mental. Ayuda a reducir el estrés, mejora el estado de ánimo y refuerza la autoestima. Lo más importante es encontrar una actividad que resulte sostenible en el tiempo y se adapte a los objetivos personales de cada persona.

 

 

Descanso: el pilar que no hay que descuidar

El descanso suele ser el gran olvidado, pero es clave para la recuperación del cuerpo y la mente. Dormir bien permite que todo el esfuerzo puesto en la alimentación y el ejercicio tenga resultados reales.

 

Mantener horarios regulares de sueño, reducir estímulos antes de acostarse, evitar comidas pesadas por la noche y crear un ambiente oscuro y tranquilo en el dormitorio son algunas pautas que ayudan a mejorar la calidad del descanso. Incluso una siesta breve, cuando es posible, puede aportar energía para el resto del día.

 

 

Cuando los hábitos no alcanzan: nuevas opciones médicas

Aunque los hábitos saludables son la base del bienestar, no siempre son suficientes para todas las personas. En el caso de la obesidad, el 99 % de los adultos en Estados Unidos nunca recibe tratamiento quirúrgico, a pesar de que el 41 % la padece.

 

En este contexto, la medicina ha avanzado con alternativas menos invasivas, como la gastroplastia endoscópica en manga (ESG), realizada con el sistema de sutura endoscópica OverStitch™. Este procedimiento reduce el volumen del estómago mediante suturas endoscópicas, sin incisiones ni cicatrices, preservando los órganos y manteniendo abiertas futuras opciones de tratamiento.

 

La ESG se realiza generalmente en el mismo día y está respaldada por más de 10 años de evidencia clínica, con más de 25.000 procedimientos realizados en todo el mundo. Estudios como el ensayo MERIT muestran resultados significativos en pérdida y mantenimiento de peso, con una baja tasa de eventos adversos.

 

 

Salud como un enfoque integral

La salud no depende de una sola variable, sino de la combinación de hábitos diarios y, cuando es necesario, del acompañamiento médico adecuado. Alimentarse bien, moverse, descansar y conocer las opciones terapéuticas disponibles permite tomar decisiones informadas y realistas. Porque cuidarse no es solo un objetivo estético: es una forma de mejorar la calidad de vida hoy y a largo plazo.


Ejercicios fáciles para empezar el año con metas alcanzables, y sin abandonar en enero.

Constancia vs intensidad

Uno de los errores más comunes al proponerse hacer ejercicio es pensar que hay que entrenar todos los días. Según los especialistas, eso no sólo no es necesario, sino que suele llevar al agotamiento y a las lesiones.

La constancia no significa ir al gimnasio siete días seguidos. Significa definir un objetivo posible y cumplirlo. Con alrededor de cinco sesiones bien pensadas, ya empiezan a notarse mejoras reales.

 

Empezar de cero está bien

Volver al ejercicio, o arrancar por primera vez, puede resultar intimidante. Por eso, dividir el objetivo en pequeños pasos es una estrategia mucho más efectiva que lanzarse de golpe a rutinas exigentes.

 

La idea no es “ponerse en forma” de inmediato, sino pasar de estar oxidado a moverse con regularidad.

Tres formas simples de empezar (sin complicarte)

 

1. Correr: alternar es avanzar

Si correr te cuesta, no es un problema: es lo normal.

Una forma accesible de empezar es combinar caminatas y trotes cortos. Caminar unos minutos, correr un minuto, volver a caminar. Este método ayuda a controlar el ritmo, evita sobrecargas y permite que el cuerpo se adapte sin frustración.

A medida que pasan los días, se puede aumentar el tiempo de trote y reducir el de caminata. Progreso real, sin drama.

 

2. Pesas: poco peso, buena forma

Para iniciarse en el levantamiento de pesas, el foco no está en cuánto se levanta, sino en cómo se levanta.

Comenzar con pesos moderados permite aprender la técnica, evitar lesiones y generar una base sólida. Dos o tres ejercicios básicos, pocas repeticiones y descansos adecuados son más que suficientes al principio.

El cuerpo necesita estímulo, pero también descanso. Entrenar mejor no es entrenar más.

 

3. Yoga: moverse y respirar

El yoga es una opción ideal para quienes buscan empezar de forma suave, combinando fuerza, flexibilidad y bienestar mental.

No hace falta ser flexible ni tener equipamiento especial. Basta con moverse al ritmo de la respiración, empezar con posturas simples y sostenerlas con unas pocas respiraciones.

Es una práctica que se adapta a cada cuerpo y que ayuda a construir una relación más consciente con el movimiento.

 

Metas pequeñas que sí se cumplen

“Voy a hacer ejercicio” es una intención.

“Voy a moverme tres veces por semana” es un plan.

 

Cuanto más concreto sea el objetivo, más fácil es sostenerlo. No se trata de hacerlo perfecto, sino de hacerlo posible.

Dormir mejor, alimentarse de forma equilibrada y respetar los días de descanso también forman parte del progreso.

 

 

Empezar bien vale más que empezar fuerte

El ejercicio no es una carrera de velocidad, es una construcción a largo plazo. Elegir rutinas accesibles, escuchar al cuerpo y celebrar cada pequeño avance es lo que permite que el hábito se quede.

 

Porque el verdadero logro no es entrenar una semana. Es seguir cuando el entusiasmo baja. Y para eso, nada mejor que metas alcanzables y movimientos simples que sumen, día a día.


Tu sangre puede salvar vidas. Enero, Mes de la Donación de Sangre.

Enero es el Mes de Concientización sobre la Donación de Sangre, una oportunidad clave para recordar por qué donar sangre es un acto solidario fundamental y cómo una sola donación puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte. La sangre no se fabrica ni se reemplaza artificialmente: sólo puede obtenerse gracias a personas que deciden donar.

 

¿Cuánta sangre se dona y cada cuánto?

Un adulto promedio tiene aproximadamente 10 pintas de sangre en su cuerpo. Durante una donación estándar, se extrae solo una pinta, que el organismo repone de forma natural.

 

Una persona sana puede:

  • Donar sangre cada 56 días.

  • Donar plaquetas (células que ayudan a la coagulación) con apenas 7 días de diferencia, hasta un máximo de 24 veces al año.

Es un proceso seguro y controlado, con un impacto enorme en la salud de quienes la necesitan.

 

Tipos de sangre: por qué cada donación cuenta

Existen cuatro tipos principales: A, B, AB y O.

El tipo AB puede recibir sangre de cualquier grupo.

El tipo O solo puede recibir sangre de su mismo tipo, lo que hace que sus donaciones sean especialmente valiosas.

Además, la sangre se clasifica según el factor Rh: las personas Rh positivo tienen una proteína específica, y las Rh negativo no. Por ejemplo, alguien con sangre O negativo no tiene marcadores A ni B ni factor Rh, y su sangre puede salvar vidas en situaciones críticas.

 

¿A quién ayudas al donar?

Las donaciones de sangre, plaquetas y plasma son esenciales para:

  • Pacientes con cáncer

  • Personas que reciben trasplantes de órganos

  • Pacientes con leucemia

  • Personas sometidas a trasplantes de hígado o médula ósea

  • Pacientes con lesiones traumáticas

  • Personas que necesitan cirugías

  • Pacientes con enfermedades crónicas que requieren transfusiones, como la anemia de células falciformes

 

Además, la sangre es especialmente necesaria en desastres naturales (huracanes, incendios forestales) o situaciones de emergencia provocadas por el hombre, como tiroteos masivos.

 

Donar sangre es donar esperanza

Donar sangre no requiere habilidades especiales ni grandes sacrificios, solo decisión y conciencia. En enero, el llamado es claro: informarse, compartir y donar.